El valor positivo de la traición

Ξ March 7th, 2009 | → 18 Comments | ∇ Pensamientos |

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La traición es tan inherente al ser humano como su capacidad de razonar: algunos la ejercitan más que otros.

Tan arraigada en lo más profundo de nuestro ser que es una de las pocas cualidades comunes a quienes habitamos este mundo: Y así como algunas de estas características son injustamente valoradas como positivas, es la traición la que carga el yugo de su incomprendido valor negativo.

¿Cómo considerar vil algo que emana de lo más profundo de la esencia humana? Y en contrapartida ¿cómo considerar virtud un  acto tan  contra natura como la lealtad a cualquier precio?

Y en esto cabe una distinción fundamental: es la dualidad la que le entrega signifacado a los actos. No podemos traicionar si no hemos sido leales. ¿Qué mayor prueba de lealtades pasadas que las traiciones actuales?

Y aunque esa consideración oscura que se le impone provoque vergüenza,  traicionamos y somos traicionados constantemente: la amistad más pura, el amor más profundo y los sentimientos más nobles se nutren de la savia activa y viva de la traición. Traicionamos y nos encontramos frente a constantes encrucijadas, y he aquí el motor de nuestros actos: la lealtad exige engaños, el andamiaje que sostiene la fidelidad se construye con embustes. Pero la beatificación de la fidelidad excluye per se los medios de los que se vale.

Concluída la obra, se derrumban los andamios.

Y es la fidelidad siempre la consecuencia de un valor superior. Se es fiel por amor, amistad, temor u odio, pero jamás se amará por fidelidad. Y así como ser leal importa una negación: la de atentar contra los propios deseos, la ambición, los sentimientos más hondos; la traición es liberadora, nos proyecta como seres soberanos, sobre nuestros impulsos, sobre nuestros anhelos.

El amor puede surgir de la traición.

¿Qué mayor acto de amor que el de la propia redención? Cuánta frustración, dolor, en definitiva ¿cuánta negación de la vida en pos del valor positivo de la lealtad? ¿Cuánto más negaremos nuestra esencia?

La vida se digiere mejor si sólo tiene dos sabores, y se nos enseña que el ser obtuso allana el camino de nuestra existencia. Entonces, por arbitrio de morales caducas juzgamos positiva o negativamente, como si la realidad no fuese un constante devenir entre ambos valores. Lo positivo necesita de lo negativo para serlo, como lo dulce a lo amargo.

Si ser fieles a nosotros mismos, si plantarse frente al universo reclamando nuestra individualidad, implica traicionar a quienes nos impiden lograrlo. Pues a hacerlo.

La verdadera esencia de la lealtad es traicionar todo aquello que nos impida ser fieles a quien debemos serlo en primera instancia: nosotros mismos. De no hacerlo negaríamos el carácter inseparable de ambos, sólo daríamos razón a quienes juzgan.

Traición y lealtad. Indisolubles, inseparables. La dualidad de la vida.

 

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