Victoria pírrica

Ξ June 27th, 2008 | → 5 Comments | ∇ Pensamientos, Relato |

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Pirro de Epiro, rey y general; a la sazón, mortal enemigo del expansionismo de la fulgurante República de Roma. Cuentan las crónicas que al mando de un inmenso ejército, conformado por más de 20.000 hombres, derrotó en dos oportunidades a las poderosas escuadras romanas. Lo particular de tales victorias no se da en la derrota de tan temible enemigo, sino porque en cada una de esas contiendas Pirro sacrificó gran parte de sus guerreros. Luego de la batalla de Ásculo, y al ver sus hordas diezmadas, Pirro exclamó: “¡Otra victoria como esta y estaré vencido!”. De allí, el término victoria pírrica alude a aquellas situaciones en las que se consigue un resultado favorable, pero a costa de un altísimo precio.

Desde aquel lejano día, cuando tus piernas temblorosas aprendieron a soportar el peso de tu cuerpo y empezaron a moverte al ritmo frenético de los desesperados, sabías quién eras. Recuerdo haber visto expresión en tu rostro, transitando la cornisa entre la servil obsecuencia y el temor sin atenuantes.
Supe de tus primeros pasos, también de tus tropiezos, esos que provocaban las gotas de mar que surcaban tus mejillas. esas que teñian nubes tormentosas en tus ojos. Recuerdo haberte mirado con un dejo de piedad.
O algo así.
Los torpes inicios, tu fingida inocencia, soportando los embates de quienes se regodeaban de tu pesadumbre; todo aquello: los temores del día, los sollozos de la noche y su monocorde cadencia, tu única compañía.
Zôon politikón, más temprano que tarde aprendiste las reglas, la doctrina de la farsa y sus normas implícitas. Y le diste forma a su complejo entramado.
Tal vez no supe adivinar que debajo de la falsa candidez, asomaban las impiadosas fauces de la bestia, agazapada, en constante espera del mal paso.
De víctima a victimario.
Quizá sólo fuiste fiel a tus instintos, tal vez la intriga sea parte de tu naturaleza.
Como respirar. Como mentir.
Y ahora puedo verlo, desde la noche en que el destino quiso prestarte su mano. Cuando por fin tuviste el enemigo a tu merced. Y aquel que se consideraba invencible, cayó pesadamente, inevitable final. Y tu derrota mutó a victoria.
Así, en el momento en que empezaban a redoblar los tambores del enemigo y tu final podía verse en el horizonte, decidiste que era el momento.
Tu revelación. No más engaños. Y todos deberemos pagar.
Sólo un detalle, nimio tal vez, pero una pequeña mancha de tu impecable triunfo. No reparaste en él, y aún hoy no creo que puedas verlo. El precio que pagaste fue demasiado caro. ¿Cómo resistirse al néctar del triunfo y la venganza?
No se si estaré para verlo, de hacerlo, te observaré desde este mismo lugar. Si para cambiar necesito ofrendar dignidad y valores, prefiero el estancamiento. El hastío a la corrupción.
No todo está a la venta. La integridad no es fungible.

Pirro de Epiro, con sólo una fracción de su otrora poderoso ejército, sufrío derrotas contra Roma y Esparta, por lo que debió huir hacia Argos, donde murió por las heridas causadas por una teja lanzada desde los techos de una casa.

 

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