Ridi, Pagliaccio! (Todos aplaudirán la tragedia)

Ξ January 26th, 2008 | → 5 Comments | ∇ Pensamientos |

Las candilejas arrojan sus primeras luces, tenues, casi renuentes a iluminar la representación de la tragedia de una vida que comienza.
Inicia sus primeros actos, el proscenio de nuestra existencia, desde el principio bajo un implacable guión de macabro autor. Aquel sin rostro, aquel que pocos se atreven a contrariar.
Seguimos mansamente el papel que nos vino en suerte personificar, por oscuro designio, por fatal inacción, la que nos mantiene impasibles sin cesar a lo largo de nuestra efímera terrenalidad, a las órdenes del libreto que se espera que sigamos.
Comienza la comedia.
Portamos el disfraz, afianzándonos, acostumbrándonos a llevarlo, un condenado resignado a su yugo. Es parte de la comedia, risa por llanto, burlas por sollozos. En nuestro interior, el alma libre pugnando por emerger, sepultada por montañas de convencionalismos.
Los actos transcurren sin cesar, como los años que se agotan, uno a uno, irremediablemente y en cada acto seguido obsecuentemente, una oportunidad más de abandonar la obra escurriéndose por entre las manos.
Ocultamos nuestros sentimientos, callamos el grito de la rebeldía del espíritu, nos adentramos en las oscuras aguas del desolador tedio, siendo espectadores de nuestra propia tragedia, en paciente espera del telón que cierre la farsa.
¡Ríe Payaso, y todos aplaudirán!
Cruel estigma de quienes visten sus ropas, los que ocultan su dolor tras el blanco maquillaje, el trágico rol del payaso, preso de su disfraz, riendo cuando llora por dentro.
Y así será, cuando por fin el telón caiga, que no encontraremos con la realidad del escenario, con la falsedad de la escenografía, simples fachadas, magistral concepción del engaño.
La redención del espíritu, salvación del Payaso, es romper con el libreto, permitirnos la libertad de improvisar, salir del papel que se espera representemos.
Por fin, cuando las candilejas se apaguen, cuando no exista público al que deleitar, en la oscuridad del foro vacío, sólo sobrevivirá la obra única e irrepetible del payaso que se atrevió a mostrar sus lágrimas.

La commedia é finita!



El video es el fragmento final del primer acto de “I Pagliacci” de Ruggiero Leoncavallo, interpretado por Pavarotti, a modo de homenaje a uno de los artistas contemporáneos que más contribuyó a la difusión de los clásicos de la música.
Mal que le pese a muchos elitistas…

 

Necedad y negación

Ξ January 21st, 2008 | → 8 Comments | ∇ Relato |

Sus ojos eran incapaces de transmitir nada.

Simplemente podías mirarlo, fijar tu mirada con la suya y esperar, eterna espera. Sólo lograrías percibir una extraña tensión, fruto de temores fundados en prejuicios. Nada más.

Y nada menos.

La convivencia trae aparejada la familiaridad con la que se puede aceptar a alguien, aunque siempre supieras que sostener esa mirada por demasiado tiempo no era posible. Aún así, ajeno a los agoreros pronósticos, voces siempre dispuestas a juicios infundados, condenatorios de antemano; decidí que podrías convivir.

Siempre ajeno, siempre ausente, dos solitarios, solos entre muchos, inmersos en la ciénaga de sus pensamientos, siempre al acecho, con su esencia latente.

El tiempo pasó, guiándonos a la única certeza, irremediable, como su paso; y seguiste aquí, participándonos de tu presencia, excluyéndonos de tu existencia.

Pudiste engañarnos a todos y tal vez el embuste no fue tuyo, a veces la negación toma rumbos impensados. Nada parecía indicar que serías consecuente con quienes te apuntaban con sus gestos reprobatorios, con sus palabras de odio e ignorancia.

Y ahí seguiste, impasible, en tu rincón de soledades elegidas, con tu mirada fría y vacía. Y el temor latente…

La necedad fue la llave de los cerrojos de la confianza. Esa necedad, negación de la realidad, antítesis de toda razón, fue la que permitió espantar el temor.

Un error imperdonable.

Lo comprendí esa tarde en que te encontré, sentado, impávido, silencioso con tus ojos fríos observándome. A tus pies, los restos inertes de tu víctima, pagando con su vida credulidades ajenas. Justo la más débil, justo la más indefensa, consecuente con tu naturaleza.

Y ahora, con el recuerdo permanente del hedor de la muerte puedo comprender que no se puede traicionar la propia esencia, ese reducto infranqueble, íntimo tesoro que muestra quienes somos realmente.

Las bestias siempre serán bestias, los crédulos siempre creerán.

 

  • Anteriormente publicado

  • Reciba las actualizaciones por e-mail

    Enter your email address:

    Delivered by FeedBurner

  • Contacto:

    despotricador@hotmail.com