La chabacanería como factor de alienación

Ξ August 30th, 2007 | → 3 Comments | ∇ Pensamientos |

Pan y circo. Pero al pan nos lo quitaron. A cambio, entretenimiento enlatado, de sabor simple, fácil de digerir.

Es nuestra realidad. Gradualmente se ha impuesto el modelo prefabricado de entretenimiento, siendo este término lo único medianamente decoroso con el que se puede denominar a la múltiple oferta de material visual que se nos presenta, convenientemente masticada y lista para abotagar los últimos resquicios de capacidad crítica del televidente medio.

Señores, nos imponen basura: decorada para la ocasión con el consabido tufillo kitsch que amerita el evento. Pero a no confundirse, nos bombardean con cifras de audiencias millonarias, entonces, ¡adelante! ¡a consumir basura… millones de moscas no pueden estar equivocadas!

Pueden asumir el formato que sea, que con nuestro pensamiento esclavo y extranjerizante, marca registrada por estos derroteros, seguramente la consideraremos excepcionalmente brillante por derecho de origen.

Así rumiamos obedientemente, confiados en que sólo es entretenimiento pasatista, masticamos mientras nos convencemos que sólo estamos tratando de olvidar nuestros problemas, desconectando el cerebro mientras danzan chabacanamente los monigotes de la pantalla. Por supuesto, será el tema obligado del día siguiente, ¿por qué vamos a perder valioso tiempo quejándonos, pensando, debatiendo, relacionándonos? El tiempo apremia, y ¿para qué restar un instante al obligatorio comentario sobre performances de baile en fruslerías como las elecciones del fin de semana? Por supuesto, erigimos bueyes de oro, nuestros campeones, paladines de la justicia social, desde sus abnegadas almas, que intentan cambiar el mundo mientras se deslizan por el hielo. Porque así es válido, consumimos desechos, pero por una buena causa, la idea de dotar de techo a un asilo nos sirve de justificativo… “yo voto por teléfono, pero porque es por una obra solidaria…” se excusa la señora, después de dilapidar los magros centavos de crédito de ese aparatito que le impusieron, chiquito, redondito, parece mentira que si no es para el voto telefónico, sólo sirve como despertador.

Y mientras nosotros, rumiantes, seguimos masticando pasivamente, se nos va la vida, perdemos las únicas oportunidades de hacer algo importante, no sea que no sepamos a quién se expulsará del programa… nos roban, nos mienten, hacen campaña política, pero nosotros estamos con el cerebro anestesiado.

No sé por qué pierdo tiempo escribiendo esto, en realidad estoy calmando la ansiedad mientras empieza el reality show…. ¿tendré crédito en el celular para votar a mi ídolo?

 

La espiral argentina

Ξ August 25th, 2007 | → 0 Comments | ∇ Pensamientos |


Se dice habitualmente que la historia no es sino la repetición sistemática y constante de los hechos pasados. Este punto queda demostrado con el resurgimiento de lo más rancio de la derecha (histórica) de la clase media argentina. Triunfos electorales como el de PRO en la ciudad de Buenos Aires son una muestra cabal de ello. Pero ¿cuáles son las razones de este movimiento ascendente?
Sin duda, uno de los motores fundamentales de ello es la paupérrima realidad socioeconómica en la que estamos inmersos, que trae aparejado el absoluto descrédito de las instituciones democráticas y el ascenso de personajes más mediáticos que idealistas, sin propuestas de fondo, más cercanos a la demagogia que a la realidad (vg. el falso ingeniero Blumberg).
Lo realmente preocupante de este gran sector de la sociedad es el mecanismo macabro por el cual, en pos de la apelación de los sentimientos más básicos del ideario de las masas, se llega a consentir el avasallamiento de los más arraigados derechos, con cualquier eufemismo con el que a esto quieran llamar (mano dura, tolerancia cero, etc.). El trémulo accionar del general de la administración del estado, verdaderos actores del descrédito, es un factor que potencia el adveniemiento de estos personajes en las preferencias populares.
Es ese grupo que por el que batallan incansablemente en el tiempos de campaña, para acaparar su voto, un conjunto de electores manso, retrógrado, con coraza progresista, pero que en su interior anhela el despertar de los cuarteles de antaño. Es lo que quedó de la llamada clase media, que muy lejos de lo que alguna vez fue, mira con desprecio cualquier atisbo de política social. Considerando que dentro de la generalidad de la terminología, se abarca con ello a muchas maniobras que lejos de producir un estado de bienestar en la sociedad, son en realidad prebendas para algunos.
Pero atención, no debe esto confundirnos, que las maniobras típicamente oscuras de captación de votantes no ensucien a las instituciones. Erróneamente se fustiga contra el sistema, cuando no es éste, sino sus actores quienes vejan la sociedad. Es en este caldo de cultivo, en el personajes de la más baja estirpe, fenicios de la desgracia de sus conciudadanos se rozan con el poder… ¿Cómo pretender igualdad en la distribución para quien sólo conoce un lado de la historia? ¿Por qué no conseguir gente realmente probo, alguien con capacidad para administrar? Pero comprendiendo las reglas del juego, no pretendamos llevar modelos empresariales al obrar del Estado, en su nombre se han aplicado políticas vergonzosas en nuestro pasado inmediato. No podemos confundir el Estado social como un Estado limosnero, como una permanente usina de subsidios que en nombre de fines elevados, ocultan las maniobras más fraudulentas (manejo de índices de pobreza, desocupación, etc. y sus consecuencias directas).
¿Cómo conjugar posiciones que se juzgan a prori antagónicas, cómo amenizar conceptos de eficiencia y eficacia con el de cumplimiento de las obligaciones exigidas constitucionalmente?
Esto no se trata de repartir bolsones y planes de ocultamiento de desempleo, se trata de políticas serias de promoción, acceso al crédito, garantías legales, un marco de estabilidad REAL, apoyo a Pymes, control tributario… no podemos seguir viviendo de la ilusión agropecuaria, salgamos de una vez por todas de la espiral.

 

Schopenhauer y mis noches en vela

Ξ August 20th, 2007 | → 0 Comments | ∇ Pensamientos, trabajo |


Quiso en destino acomodarme en este sitio. Justamente aquí, tan lejos de mis anhelos, tan cerca de nada.
Justamente de noche, el escenario de mis años mejores. Mi eterno refugio, la soledad de mis noches, solo en presencia de mis ilustres compañeros en el camino de mi temprana juventud. Schopenhauer y Nietzsche supieron abrigarme con el fuego de su pensamiento, alimentando el deseo, expandiéndose en mí irremediablemente. Con el primero fue una comunión inmediata, absorbía sus palabras con una avidez inusitada, sentía mías sus sentencias, proféticas, poderosas. A Nietzsche aprendí a conocerlo, su estilo tanto o más contundente que su maestro, pero con el agregado de su excepcional impronta poética.
Y aquí estoy, con el tiempo a cuestas, en mis desvelos obligados, impuestos por la mano del sistema. No todo es negro. Todavía tengo la música, tengo el pensamiento y mi anhelada soledad. Hoy, después de mucho tiempo recorrí nuevamente el sendero de los grandes pensadores, volví a encontrar el rescoldo de mis ideas. Todo lo demás no importa, este es mi oasis, refugio de la vulgaridad del ambiente, de la exasperante aglutinación de bípedos, al decir de A. S.
Café y cigarrillos, la música envolviendo el ambiente, Wolfgang y Astor desde la inmortalidad, como telón de fondo. Mis últimos resquicios de inconformidad, mi resistencia a la agobiante opresión, mi última mueca de rebeldía. Desde aquí burlo a mi carcelero, no podrá imponerme la resignación con el agobio de la rutina. Desde aquí, mi escape, salida subrepticia, me elevo a la belleza. Los grandes abren sus puertas por un momento, mientras observo desde lo alto, cosmovisión de mi vida, los veo y me repugnan, propagan el opio de las almas perdidas, los embelezan con luces de colores, ellos se dejan llevar y se entregan mansamente a las fauces de la fiera. Sirvo a la bestia, pero no le pertenezco, cree adueñarse de mis noches, pero soy libre, el látigo del capataz no me lastima. He recuperado mi lugar.
Dejo, eso sí, algunos pensamientos del gran Arthur Schopenhauer de su obra Parerga y Paralipómena:
“Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor. Cuanto más elevado es el ser, más sufre… La vida del hombre no es más que una lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido. La vida es una cacería incesante, donde los seres, unas veces cazadores y otras cazados, se disputan las piltrafas de una horrible presa. Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir… Y así sucesivamente por los siglos, de los siglos hasta que nuestro planeta se haga trizas.”
“No hay más que tres resortes fundamentales de las acciones humanas, y todos los motivos posibles sólo se relacionan con estos tres resortes. En primer término, el egoísmo, que quiere su propio bien y no tiene límites; después, la perversidad, que quiere el mal ajeno y llega hasta la suma crueldad, y últimamente la conmiseración, que quiere el bien del prójimo y llega hasta la generosidad, la grandeza del alma. Toda acción humana debe referirse a uno de estos 3 móviles, o aun a dos a la vez.”

 

El café de José María y Alan

Ξ August 17th, 2007 | → 0 Comments | ∇ fútbol |


Nunca pensé hacer este comentario. Pero el oprobio invade el corazón riverplatense. ¿Hasta cuándo deberemos seguir soportando la impune hipocresía del sr. (si, con minúscula) José María Aguilar? En las últimas semanas hemos visto mansillado el prestigio de la centenaria institución por el accionar inescrupuloso de un personaje de la más baja ralea como lo es él. Pero no nos engañemos, no es más que el reflejo de la conducción mafiosa del corsario de Viamonte. Esta realidad decadente de nuestro fútbol no es más que el resultado de generaciones de dirigentes incompetentes (en el mejor de los casos) y en muchos otros, decididamente delincuentes. Por supuesto, amparados siempre bajo la figura de asociaciones civiles sin fines de lucro, algo que a la vista de cualquier ignaro, resulta por demás falaz.
Pero, mal que nos pese, ese modus operandi está absolutamente enquistado en lo más profundo de las entrañas de todos los clubes dependientes directa o indirectamente de AFA. Generalmente, cuando toma estado público algún hecho luctuoso en el ambiente del fútbol vemos como estos hipócritas, verdaderos instigadores de los violentos, se rasgan las vestiduras, y no ahorran retórica al referirse a “la violencia en el fútbol”. Creo que hemos llegado al extremo de considerar absolutamente utópico pensar en alguna dirigencia de club (cualquiera sea la categoría) que no haya conseguido su lugar sin el apoyo de las barras bravas. Cómo podemos pensar entonces que se van a tomar medidas concretas para su erradicación si realmente, la inacción -complicidad- de las dirigencias es en realidad la defensa de quienes los mantienen en el ejercicio de sus espúreos negociados.
Porque, llamémonos a la realidad en este asunto, los barrabravas son a los clubes lo que los punteros a los partidos políticos, esto es: mercenarios al servicio del patrón de turno. Para cualquiera que se haya vinculado a su club asistiendo no sólo a la platea el día del partido verá cómo se reparten a discresión prebendas para estos delincuentes. Sin embargo, todavía hay quienes creen que el motor de estos personajes se funda en el fanatismo, nada más alejado de la realidad. Estos sólo obedecen a sus necesidades, sean las que sean, defienden a capa y espada los favores bien pagos que reciben desde las altas dirigencias de los clubes. Son los mismos que nos han echado de los estadios, son los mismos que participan de la violencia, son los peones que cumplen los mandatos de sus instigadores políticos. Sean del bando que fueran.
Pero nuestra estructura política a nivel de clubes se corrompe desde sus entrañas mismas. Desde aquel chico que ve frustrados sus posibilidades en las divisiones inferiores porque su puestro está acomodado a dedo por “alguien de la comisión directiva” quien haya pasado alguna vez por las menores de algún equipo sabrá de qué hablo; hasta la acción impune del barrabrava que vende carnets de socio en la puerta del estadio, con la anuencia y complicidad de todos los entes de control.
Pero atención, en alguna medida somos presa de este juego macabro que es la impunidad de todo este andamiaje delictivo. Desde los inconcebibles cánticos ¡a la hinchada! que son vistos con ojos inocentes, como una manifestación sana de la pasión por los colores de la escuadra, hasta nuestra impasividad y poca conciencia social y política en el ámbito de los clubes. ¿Cuántos de nosotros, como socios hemos participado en las elecciones de la que salieron los dirigentes que defenestramos? El sr. Aguilar ha sido electo con más del 50% del voto de los socios… dos veces.
Es por eso que para poder recuperar el espectáculo, desterrar a quienes se lo han apropiado, desterrar definitivamente a quienes le quitaron el goce del deporte, a quienes nos arrebataron las sedes sociales, debemos tomar el protagonismo, recuperar la esencia de club y volver a disfrutar del mayor de los espectáculos populares.
Y para el futuro… que José María y Alan tomen café en el mismo pabellón.

 

Aquellos domingos de fútbol

Ξ August 6th, 2007 | → 0 Comments | ∇ fútbol |

Recuerdo los años dorados, aquellos viejos tiempos. Eran domingos, otras veces fueron sábados; por vicisitudes del juego, por malas artes, o simplemente por los pataduras que vestían la camiseta.
Pero pienso en esos días lejanos y no puedo evitar que se me escape una sonrisa, entre triste y melancólica. Recuerdo las gastadas baldosas de la vieja Alta Córdoba, esa de las siestas silenciosas de verano, de alquitrán fundiéndose al sol con nuestros hombros como compañeros en la perdida batalla contra la furia de Febo.
Recuerdo esas tardes, de mis alegres ocho veranos, recorriendo sus calles, armando el equipo, esos rostros salpicados de las gotas de la vida. Aquella gastada número cinco, que mostrara alguna vez sus orgullosos cascos en blanco y negro, y que entonces ya era una gastada masa grisácea. Aquella Dalemás compañera de sueños y de jugadas que juzgábamos magistrales. Soñábamos con esos colores que nos unían, discutíamos por esos que nos dividían irremediablemente. El gordo Mauricio, con sus pantalones con agujeritos y con su amor heredado por el Independiente del Bocha, (claro, el viejo, ostentaba orgulloso en la pared de la carnicería la figura desgarbada del pelado) el nano Andrés, bostero, sin saber por qué, le habían contado que ese chico de la propaganda de Coca Cola había jugado ahí antes de irse para Europa (le habían regalado el perfume “Diego Maradona” para el cumpleaños…) Después estaba yo, el turco, el de los rulos imposibles, defendiendo que “…Passarella es el capitán…” (nobleza obliga, como buen tronco reconocido, mi ídolo era un defensor…) Era enero del ‘86 y todas las discusiones se iban a acabar seis meses después (¡seis meses! ¡una eternidad!).
Recuerdos, aquellos de años después, cuando con la casa en orden nos fuimos de la casita del pasaje (¿quién iba a defenderlo de los de San Martín?) a esa inmenso caserón cerca de esa mole enclavada en el corazón de mi querida Alta Córdoba, y fueron esos colores los que me llevaban sábados o domingos (por las razones que fueran…) a sentarme a gritar, a cantar a sufrir… (¡cómo sufría!) gritando los goles del Cocayo, aquel descenso, que me encontró llorando en la calle Jujuy, porque un zonzo (al apelativo lo cambié después) no tuvo mejor idea que tirar una bomba de estruendo (una cebolla) que nos mandó a jugar con ese club que mirábamos por sobre el hombro, a esos que gastaba en la escuela por andar con la camiseta celeste…
Recuerdos de los años adolescentes colgado en el colectivo, estoy tentado de escribir de vino y rosas, pero jamás vi una sola rosa. Amontonado en el bondi, agarrando la diecinueve porque se definía contra los tatengues… Aquel equipo de Ghirardo, el pirucho Leiva, el rulo Gonzalez, el panchito Buteler… ¡qué lindo jugaban! Porque no sólo ganaban partidos chivos, encima jugaban lindo…
Recuerdo que un día soñé despierto, me ví con mi hijo en los hombros luciendo los colores que tanto quería y abriéndole el corazón a un amor que jamás abandonaría, pero el tiempo pasó.
Recuerdo que un día me fui de mi querida Alta Córdoba, sus calles ya no son mías, ahora soy uno de esos que va de paso, ya ni siquiera estoy en la ciudad que me mostró mis primeras luces.
Recuerdo que un día ya no fui más a ocupar esas gradas que me habían albergado con una dulzura de madre.
Recuerdo que un día, ya sólo miraba los partidos por televisión, se veía tan raro.
Quise volver un día, vi dos tipos golpeándose por el lugar, ¿qué pasó? ¿cua?do entraron? Quién sabe, pero ya no era lo mismo.
Recuerdo que un día no ví el partido, no importa por qué, ese día tuve sentí que se me desgarraba el corazón.
Recuerdo esos años y no puedo evitar que se escape una sonrisa, entre alegre y melancólica… Feliz cumpleaños Glorioso.
A propósito, empezó el campeonato de primera división… ¿vió qué feos que son los partidos?

 

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